#22: Memento Mori.

Sufro porque soy un cuerpo. 

Si no lo fuera, 

¿cómo sufrir?

Tao Te Ching

¿Cuál es el origen del sufrimiento?

Algunas tradiciones dirán que es el deseo, otras la ignorancia, y otras el apego.

Reflexionar sobre el origen del sufrimiento, una de las pocas experiencias considerada transversales a la condición humana, nos lleva a buscar la manera de erradicarlo, de liberarnos. Este anhelo de liberación, especialmente desde un punto de vista espiritual, nos introduce en el área de doctrinas, religiones (o aspectos de ellas) o filosofías soteriológicas, que son, literalmente, aquellas que se centran en el estudio de la salvación.

Desde chica siempre he estado interesada en la búsqueda de la salvación. Sentía que las religiones, luego las filosofías y, posteriormente, las prácticas, guardaban un secreto que, una vez revelado, podría hacer desaparecer todos los problemas y ¡LISTO!, libertad asegurada, no más sufrimiento.

Más allá de la identificación común que existe hoy entre el yoga y las āsanas, “La Historia Mínima del Yoga”, de Adrián Muñoz y Gabriel Martino señala : “Un yoga es una especie de método o instrumento que ´ata´ o ´amarra´ la mente o el cuerpo, dentro de una disciplina, para lograr un fin ulterior…” En este sentido, por más que nos gustaría que fuera más simple, los yogas, abarcan múltiples fenómenos y, entonces, “una disciplina que busque acoplar la mente con un fin soteriológico será un yoga.”

Ejemplos de esto hay bastantes:

Yoga Sutras de Pantañjali y el contexto del Sankhya:

De acuerdo al Sankhya por un lado tenemos la consciencia o Purusa y, por otro, la naturaleza fenomenológica, o Prakrti, dentro de la cual se encuentra el cuerpo/mente. Prakrti, según dicen, baila seductoramente, desviando la atención de Purusa, que se identifica erróneamente con aquello que Prakrti es y le muestra. Eso es ignorancia (avidya), la confusión identitaria primordial que, según el Samkhya, es la base de todos nuestros problemas: No somos lo visto, somos aquella que ve. Si logramos vivenciar eso, ¡LISTO!, libertad asegurada, no más sufrimiento. 

Textos de Hatha Yoga y su relación con el Advaita Vendanta:

En contraste (¿o complemento?) de la dualidad presentada por el Samkhya, tenemos la no-dualidad del Advaita Vedanta, en donde Todo es Brahman, la realidad suprema universal, unidad singular de todo aquello que existe y más allá. Tanto la naturaleza como la consciencia son manifestaciones de esta única realidad. La confusión aquí surge al creer que Atman (yo individual) y Brahman son diferentes y separados. La identificación de Atman con el cuerpo/mente (y con toda la ilusión de la materia), considerada también una forma de ignorancia (avidya), es la que debemos ser capaces de erradicar. Si somos capaces de hacer eso, ¡LISTO!, libertad asegurada, no más sufrimiento. 

Taoísmo

Aquí, la distancia es un poco mayor y, si bien es discutible que el Taoísmo encaje en el molde soteriológico convencional, la búsqueda de la armonía con el Tao, principio fundamental del universo, puede ser entendida como un camino para encontrar la libertad o salvación. Un símbolo típico del Taoismo es el Taijitu, también conocido como el Yin y el Yang. Este símbolo representa las fuerzas opuestas complementarias e interrelacionadas que, en realidad, son las dos caras de una misma moneda, siendo la moneda, y no sus caras, la realidad no-dual. Mi parte favorita del Yin y el Yang, como símbolo, es la presencia del Yin en lo más profundo del Yang, y viceversa. Cada elemento contiene y da lugar a su opuesto y es la comprensión de este equilibrio dinámico, de este flujo en constante cambio, lo que nos puede acercar a la libertad y ¡LISTO!, no más sufrimiento.

En general, sin importar qué creencia soteriológica sea, existe una idea de trascendencia que muchas veces, aunque no siempre, involucra un cierto desprecio del cuerpo físico, visto a menudo como un obstáculo para la liberación. Este rechazo al cuerpo lo leo como una especie de consuelo ante la certeza de la muerte ya que, tarde o temprano todas, todos y todes tendremos que dejarlo atrás, (o adelante, o arriba, o abajo, nadie sabe realmente): ¿Estamos preparadas para hacer eso? 

En este mismo contexto, algo que nunca deja de sorprenderme es cómo “el” yoga, tal y como la mayoría lo entiende y practica hoy en día, (yoga postural), genera un apego profundo al cuerpo, a sus señales, ritmos, capacidades, etc. Al fin y al cabo, a su realidad.

Hace algunos días, me sometí a una cirugía por primera vez. La experiencia fue un gran memento mori, debido a los riesgos involucrados, (es curioso que, en lugar de la enfermedad en sí misma, haya sido la idea de la cirugía lo que hizo nacer ese recordatorio). Reflexionar sobre la muerte, mi muerte, naturalmente me hizo sentir temor y cuestionarme mis creencias: ¿qué creo que es el cuerpo?, ¿creo en la existencia de un espíritu?, ¿es lo uno o lo otro?

Tuve algunas semanas para prepararme para la operación en las cuales, sorprendentemente, las décadas de práctica física y reflexión filosófica/espiritual se hicieron notar: Por un lado, la práctica de āsanas y prānāyama, me permitieron estar y calmar mi cuerpo/mente cada día, pudiendo distinguir con claridad entre las cosas que puedo controlar y aquellas que no. Con ello, ese constante cuestionamiento de mis creencias fue silenciado completamente, permitiéndome entregarme al misterio y a la posibilidad de confiar en lo desconocido.

A pesar de los nervios del comienzo, el día de la operación estaba muy tranquila y hasta contenta. Todo salió muy bien y, aunque tomará un tiempo volver a mi práctica física tal como era, (y lo mismo con las clases, una vez pueda retomarlas), los doctores creen que mi recuperación va viento en popa, gracias, en parte, a los años de āsanas y prānāyama. La intervención, que en su momento rechacé y que terminé aceptando medio obligada porque mi salud no mejoraba, resultó ser un regalo de salud que mi cuerpo/mente recibieron con humildad y agradecimientos profundos. 

Siempre he sentido que, todas las contradicciones que experimento y que observo (de las que está llena este texto y la vida), me parecen tan humanas como el sufrimiento mismo y un recordatorio constante del misterio del que formamos parte. Más que elegir un bando, en casi cualquier circunstancia, estoy muchísimo más interesada en encontrar la integración entre las partes que parecen oponerse.

Hoy, ya no estoy tan interesada en la salvación y tampoco quiero evitar el sufrimiento porque sí. La música siempre ha sido también un refugio que me ha permitido buscar consuelo en momentos difíciles, acercándome a la integración de maneras sencillas y profundas. Y es aquí que pienso en estas hermosas palabras de la grandiosa Nina Simone:

You’ve got to learn to leave the table        

When love’s no longer being served (…)

You’ve got to learn from hard experience 

And listen to advice

And sometimes even pay the price

And learn to live with a broken heart. 

Tienes que aprender a irte de la mesa.

Cuando el amor ya no está servido (…)

Tienes que aprender de la dura experiencia.

Y escuchar consejos

Y a veces incluso pagar el precio

Y aprende a vivir con el corazón roto.

Y es que, a veces, encontramos consuelo a nuestros sufrimientos, pero muchas otras, no lo hay.

AQUÍ puedes encontrar el horario de clases que estaré dando a partir del 01 de Julio. Debido a la cirugía, tanto mi práctica como la forma en que imparto las clases serán un poco diferentes durante un tiempo, por lo que, de antemano agradezco la paciencia y la comprensión. El horario en sí, será también limitado pero espero poder dar un taller y volver a la «normalidad» en Agosto.

Agradezco mucho a todas las practicantes que han mostrado preocupación en este tiempo de recuperación. Me siento muy conmovida por el cariño y la ternura que me han expresado.

Como siempre, muchas gracias por leer. Feliz invierno, ¡hasta la próxima!

🫀