YOGA CON ALEJANDRA CAMPOS

#30: El yoga, ¿pasó de moda?

I.-
No sé si tú lo has escuchado pero, ya sea en conversaciones con amigas y colegas, o en algunos post de instagram que me muestra mi burbuja algorítmica, me he topado con esta idea/pregunta.

La verdad, es que yo creo que sí, que el Yoga pasó de moda.

(No soy la única, justo ayer The Atlantic sacó este artículo, en inglés: ¿Qué le pasó al Yoga?)

USA
Chile
México

Para ver si esta impresión tiene algún asidero, me puse a mirar Google Trends, (literalmente: moda) Y algo de eso aparece. Las búsquedas de Yoga muestran una caída bastante clara respecto de sus momentos de mayor interés en los últimos 12 años, aunque con diferencias importantes entre países, (por supuesto que las búsquedas de Google no miden cuánta gente efectivamente practica Yoga, pero algo dicen respecto del interés que genera el tema).
Como para tener algún punto de comparación, busqué también Pilates, una de las prácticas que han tenido un crecimiento importante en los últimos años: En Estados Unidos el Yoga sigue siendo bastante más buscado; a diferencia de lo que pasa en Chile y México donde las curvas llegan a encontrarse. No pretendo hacer de esto una investigación de mercado, pero de muestra, un botón.

Quizás pasar de moda no significa dejar de practicar o dejar de ser popular. Puede tener más que ver con dejar atrás ese momento expansivo en que algo parece estar en todas partes.

Porque durante mucho tiempo el Yoga pareció estar en todas partes, ¿o no?

Simultáneamente, mientras se expandía su presencia en diferentes áreas, a veces muy disímiles, era cada vez más difícil responder qué era exactamente eso que se estaba expandiendo.

II.-
Ustedes dirán que soy romántica pero me gusta pensar que mientras EL Yoga pasó de moda, LOS yogas “aparecieron”.

Durante los últimos veinte años se ha desarrollado muchísimo el campo de estudios académicos sobre el Yoga Moderno. También se ha actualizado enormemente lo que sabemos sobre anatomía, movimiento, dolor, sistema nervioso, respiración. Para quienes practicamos y enseñamos, se ha vuelto posible crear puentes entre áreas que antes parecían muy distantes (¿cosa más linda que un puente?).
Al mismo tiempo, algunas historias que recibimos como verdades han resultado ser bastante más complejas. Hemos sabido de abusos cometidos por maestros importantes y hemos tenido que preguntarnos qué ocurre cuando el respeto por una tradición se transforma en obediencia.
Todo esto hace que hoy en día, en comparación con 20 o 30 años atrás, sea bastante más difícil sostener que existe UNA forma correcta de practicar Yoga.
Y eso me asusta, pero me gusta.
Porque, ¿a quién le sirve que el yoga sea UNA sola cosa?

III.-
La práctica de yoga, tanto en su forma postural como en los estudios, es para mí preciosa, profunda, sensible, misteriosa, placentera y desafiante. Algo que, al tratar de encerrarlo en una definición tipo meme, casi siempre se escabulle.

Para quienes hemos aprendido Yoga dentro de un método, cualquier movimiento de apertura puede ser bastante desestabilizador. Durante años aprendemos una manera de hacer, de enseñar, de secuenciar, una manera de mirar. Cuando esa certeza empieza a abrirse, aparece la pregunta de qué hacer con aquello que recibimos, y con ella muchas otras: ¿hasta dónde respetar una tradición significa intentar conservarla? ¿Cuándo ese respeto se transforma en obediencia o en una renuncia al cuestionamiento? ¿Con qué libertad podemos modificar una práctica que hemos recibido de una cultura que no es la nuestra?

En mi propia práctica y enseñanza, el cuestionamiento y, hasta cierto punto, la desobediencia han sido importantes. Esto no significa demasiado por sí solo porque es cierto que tengo cierta tendencia a desconfiar de la autoridad. Pero si muchas profesoras y practicantes hemos estado haciéndonos preguntas parecidas, ¿quizás hay un cambio más amplio? No sé. Me interesa esa posibilidad.

Jenny Holzer

Y las preguntas se complican rápidamente. Tirando un poco más del hilo aparece la apropiación cultural y, junto con ella, una paradoja: la tradición que intentamos respetar y conservar tampoco ha permanecido intacta. La fantasía de una tradición pura se vuelve difícil de sostener cuando miramos cómo se han construido históricamente las prácticas.

Quizás lo que más me interesa de todo esto es que hay algo de aceptar esta complejidad que, creo, cambia nuestra relación con la autoridad. Aquella manera de mirar que aprendimos resulta ser precisamente eso: una manera. Y mientras más compleja se vuelve la historia, más difícil resulta reducirla a una verdad única.

(Conste que tampoco se trata de engrandecer la complejidad por sí misma. La multiplicidad puede producir cosas absurdas, superficiales e incluso irresponsables. La complejidad no garantiza discernimiento. Pero sí creo que puede ofrecer cierta resistencia al fanatismo, precisamente porque dificulta las certezas absolutas)

Y entonces vuelvo a la pregunta: ¿a quién le sirve que el Yoga sea UNO solo?

IV.-
Hace poco una amiga comentó no hay nada peor que ser lo que recién pasó de moda. Lo dijo hablando del feminismo. La frase me pareció brutal y acertada. Y me hizo pensar también en el Yoga.

Corset 1750-1780

Si efectivamente pasó de moda, quizás estamos en un momento de “contracción” después de décadas, diría yo, de expansión. Y qué interesantes las cosas cuando se contraen, ¿o no?
Porque hay algo difícil en la contracción. Achicarse se lee fácilmente como fracaso. Pareciera que siempre hay que estar expandiéndose, creciendo, aumentando (que todo crezca menos tu cuerpo y las arrugas de tu cara, especialmente si eres mujer).

Entonces me pregunto qué podría pasar con la práctica de Yoga en un período de “contracción”.
¿Qué pasa si el hecho de que “el negocio” del Yoga se contraiga hace que la práctica de los yogas se profundice? Porque, ¿quienes se quedan o llegan a los yogas cuando ya no está de moda?

V.-
De hecho, yo misma, durante los próximos meses dejaré de hacer clases. Pero no, no es por la contracción del “negocio” exactamente, (aunque nunca he sido muy buena para eso). Tampoco es la primera vez que hago una pausa en la enseñanza, pero esta vez la pausa viene acompañada del cierre de La Salita, el espacio que abrí hace tres años y que desde hace uno dirigimos en conjunto con mi querida Amalia Kassai.

Hace un tiempito venía sintiendo que este espacio, al que le agradezco TANTO, ya no me acomodaba del todo. Cuando apareció la posibilidad de trabajar a tiempo completo en un proyecto audiovisual, pensé que podía ser un buen momento para cerrar, tomar un respiro y dejar algo de espacio antes de decidir qué viene después.

Y en este cierre a mi me dan ganas de agradecer y, en eso, me acuerdo de una historia:

Hace años escuché a un DJ de música electrónica que conozco decir que en una fiesta no podía tocar dejándose llevar por solo un grupo de oyentes en el público ni menos por una persona en particular.
Al tocar, trataba de conectar con algo que estuviera pasando entre todas las personas: sintonizar una energía que no pertenecía a nadie en particular, algo que quizás estaba siendo producido colectivamente.
Nunca me olvidé de esa imagen.

Sarcófago 1539-30 a.e.c.

Me gusta pensar que, guardando todas las diferencias, las clases de Yoga postural tienen algo de eso. Personas distintas llegan con cuerpos, historias, estados de ánimo, deseos y energías diferentes y, durante un rato, entramos juntas en cierto ritmo.
Hay algo de fiesta en eso.

Mi amiga, colega y profesora Macarena González, en una de sus clases recientes, habló del tiempo de la práctica como un tiempo ritual. Me quedé pensando en esa idea. En el estudio del ritual aparece justamente esta separación del tiempo ordinario o profano: un tiempo con su propia lógica, capaz de interrumpir el tiempo del sistema y, en algunas tradiciones, de participar incluso de una renovación del orden del mundo.

Durante estos años nos encontramos varias veces a la semana en La Salita para hacer precisamente eso. Detener durante un rato ciertas exigencias del tiempo habitual y entrar voluntariamente en otro ritmo. Un ritmo bastante extraño, si una lo piensa: prestar atención a cómo apoyamos un pie, a cómo nos movemos, permanecer varios minutos en una postura, respirar, observar, sentir, estar en silencio.

A todas las personas que estuvieron dispuestas a compartir ese tiempo conmigo, especialmente a quienes asistieron regularmente a clases: GRACIAS, QUÉ MARAVILLA Y QUÉ HONOR 🫀

VI.-
Y respecto a la pregunta con la que empecé, quizás tampoco importa tanto. Mi perspectiva es muy pequeña y particular. Y las modas son cíclicas. Quizás por eso no hay nada peor que lo que recién pasó de moda. Lo de hace treinta años puede volver y parecernos fascinante; lo de anteayer todavía nos da un poquito de mono.

Si hay algo seguro es que el yoga, los yogas, llevan siglos de tradición y transformación simultáneas. Filosofía, práctica espiritual, meditación, asana, sistemas de creencias y tantas otras cosas en distintos momentos y lugares.

¡Así que salucita por los yogas y por su futuro!
¿Qué le hacen unos años fuera de moda en Google?